el blog de sol dellepiane

mayo 18, 2011

Alfred Fellinger

Filed under: Uncategorized — by soldell @ 1:45 am

AL ESTILO DE ALFRED FELLINGER

Remera negra con loguito colorado, pantalón negro, las zapatillas del visto bueno en charol de los mismos colores. Desde una fiesta de gala de DArA (Decoradores Argentinos Asociados), en que las estrenó con smoking de Martín Churba y un broche colorado diseñado para la ocasión por Celedonio Lohidoy, no había vuelto a usar las Nike hasta el día de la entrevista. Esta vez, por partida doble, Alfred Fellinger da la nota. ¿O será siempre así? Sí. Alfred siempre da la nota.

La vida del nuevo milenio

Podemos aventurarnos a decir que cada quien elige la vida que tiene. No todo el mundo estará de acuerdo. Lo que nadie puede discutir, es que quien arma su autobiografía, lo hace como quiere. Fellinger decide que la suya empiece el 6 de diciembre del año 2000. Ni un día antes, ni uno después. “Lo de antes, ya lo conté muchas veces”. Y Alfred, es bueno que lo vayamos sabiendo, se permite muchas cosas… mas no aburrir.

Milenio nuevo, vida nueva para él. ¿Cuál es la luna que marca el inicio de este calendario unipersonal? Nada menos que un viaje, en este caso a la tierra de sus ancestros alemanes. “Decidí partir a Europa. Pensé que me iba a ir brutal, pero al principio me tocaron unos meses de trabajo en una tienda donde los muebles eran realmente horribles. Después, por conexiones (tengo que nombrar a Mónica Melhem y Leon Churba), tuve la suerte de conocer a Mariana De Padova, que maneja la empresa familiar, una de las colecciones de muebles más importantes en el mundo. Luego de varios encuentros en Milán, firmamos un contrato por el que fui representante de De Padova en Alemania durante tres años.”

“Teníamos unas oficinas que eran un lujo, me gustaba muchísimo mi trabajo. Me movía bastante bien -tengo ascendencia alemana, o sea que para mí estar en Alemania es estar como en casa-. Pero realmente extrañaba a la gente. Exagerando un poco, diría que por las noches lloraba y extrañaba Buenos Aires”.

Exagerado o no, lo cierto es que cuando el contrato caducaba y tuvo la posibilidad de renovarlo –esta vez por cinco años- Alfred decidió volver a su país. Eso fue el año pasado. Y hoy, a solo cuatro años y pico de la vida nueva que eligió tener, el niño Alfred tiene con qué divertirse.

Cuando se bajó del avión, ya tenía trabajo. Las nuevas tecnologías habían permitido su contratación para un proyecto muy importante vía correo electrónico. Llegó un sábado, y el lunes siguiente estaba tomando medidas en la obra de la Torre Le Parc Puerto Madero, donde se ocuparía íntegramente del showroom.

Ese arribo vertiginoso, prefiguró la seguidilla de obras absolutamente apabullante que vendría. Sin duda, el regreso fue tremendamente oportuno. “Como dicen mis amigos, estuve muy piola: me fui en el peor momento, y volví en el mejor. Sin pensarlo, porque soy muy impulsivo. Pero tuve suerte y aquí estoy”.

Aquí estoy. El “aquí” refiere al bello, bellísimo jardín de su casa, en los lofts de los Silos de Dorrego –reciclados para la edición ´92 de FOA-, pero también a la mañana espléndida de la reunión, en que –en el marco fantástico de banco de plaza, dulce sol otoñal y canto de pajaritos- nadie sospecharía que el entrevistado ha hecho un paréntesis en una agenda febril.

Porque “aquí”, finalmente, remite al presente, en que el Estudio Fellinger se ocupa de: “el proyecto para los 24 espacios comunes de la Torre Unión, en Cuba y Olazábal; el modelo de loft para Talar de Florida, sobre la ex fábrica textil Diáfani, más las 4 propuestas en render que estarán en Internet para que el cliente elija un modelo de departamento; una casa que es un flash, en el Golf Club San Eliseo; los espacios comunes de Le Parc (estoy terminando los de la primera torre, y ya me contrataron para las dos que se construirán el año próximo); el interiorismo de dos prototipos de cruceros de hiper lujo diseñados por Germán Frers; un avión privado para un cliente francés, ¡por dentro y por fuera!; otro edificio del mismo estudio (del Arq. Parissow) que la Torre Unión; ¡ah! y también un piso de 500 metros sobre la calle Cerrito, algo netamente clásico donde yo trato de dar toques.”

Alfred toma aire. “¡Y no lo puedo creer! Siempre pensé que con sesenta años, que es la edad que tengo (súbitamente, vuelve al almanaque real), iba a ir a parar a un geriátrico. Y debo decir que nunca en toda mi vida he tenido tanto trabajo. Estoy muy agradecido”, asegura categórico.

Alfred en la movida

Otra obra que lo tiene entretenido es el rediseño de la sede de DArA –institución que, antes de su viaje, supo presidir-, que abrirá al público en estos días. “Para mí este trabajo es un placer. Todo lo que alguna vez puse blanco, ahora es de colores. El lugar requería un cambio, y la verdad que quedó divertidísimo.” Pero el cambio no es solo cosmético. Alfred pretende imprimirle al sitio un perfil museístico (si cabe el término) del que hasta ahora, ha carecido.

“La idea es armar una movida. Vamos a instalar en el subsuelo una tienda donde funcione una exposición permanente de diseño argentino. Hemos convocado a profesionales como Diana Cabeza y Miki Friedenbach, entre otros, para que exhiban sus productos. Va a haber charlas de empresas en el auditorio. Este espacio tiene que darle a la enorme cantidad de gente que circula por ahí, un panorama de todo lo que pasa en Buenos Aires a nivel diseño.”

Es más que presumible que esta preocupación de Alfred por la trascendencia del trabajo de los diseñadores destacados del país, esté vinculada a una faceta muy reciente en su currículum: la de docente.

A la vuelta de Alemania, supo que la Universidad de Palermo buscaba profesores para la carrera de Diseño de Interiores. Se postuló, obtuvo un cargo y el rol lo tiene completamente fascinado. “Me encanta estar en la facultad, trabajar con los chicos y enseñarles lo que para mí es la verdad del diseño. Además, como estoy con los de Primer año, los veo llegar completamente vírgenes. Trato de transmitirles que si hacen esa carrera, tiene que ser por que lo sienten. Esto tiene que ver con la facultad, pero también con la vida en general. Yo soy un elegido de Dios de haber hecho siempre lo que me gusta”.

La infancia modernista

La sensibilidad estética llegó a Fellinger por la sangre y el ejemplo. “Mi madre era modelista -no una simple modista- educada en la Universidad en Bonn. Diseñaba una ropa impresionante”. Y pasa a la raíz paterna del árbol: “Mi padre venía de una gran familia hotelera, con una cadena de hoteles en toda Europa. Con él conocí la estética de la buena mesa, del buen comer”.

El paisaje doméstico, cuenta Alfred, estaba bien al día de las corrientes artísticas del siglo que corría: “Tuve una niñez bastante interesante en ese sentido, porque en casa ya había muebles de la Bauhaus, de Gropius, y toda una historia de modernismo que hoy, todavía no se termina de aceptar”.

Al gusto de sus padres por lo contemporáneo hay que agregar una férrea adhesión a lo genuino. “Mi madre amaba todo lo que fuera natural –las piedras, las plantas, las fibras naturales. Odiaba el plástico, no aceptaba que sus clientas le llevaran tejidos sintéticos. Así fui educado y sigo exactamente en la misma línea”. Pero, a riesgo de parecer contradictorio, -acaba de desplegar muestrarios de unas sensacionales fórmicas italianas color aluminio- aclara: “Esto no quiere decir que no me vuelvan loco muchos materiales nuevos: ¡me re-copan!. Pero sí me molesta una fórmica que imite una madera, o un mármol”.

Su postura no suena contradictoria, sino al contrario, perfectamente coherente con la sensibilidad heredada: Bienvenida la alquimia tecnológica que da por resultado objetos adecuados al presente. No rotundo a aquello que aparenta lo que no es.

Fobias y goces de esteta

Por aquí pasan los límites, entonces, del ideario de este profesional del diseño. Si bien se define racionalista y se lo ve mucho más inclinado por los elementos que anticipan el futuro que por aquellos que traen ecos pasados, no se trata de una cuestión temporal, sino de una forma de veracidad: “Ya no usamos miriñaque ni coches a caballo, pero queremos muebles de estilo. Yo no tengo ningún problema en ponerlos, pero me gustan las antigüedades. Copiar hoy un mueble de estilo, me parece una barbaridad”.

Plegándonos a su propia terminología, bárbaras le parecieron las grandes masas europeas: “La pasé muy mal en Alemania en el sentido estético. No diría que en el país donde se diseña Mercedes Benz, BMW o Porsche, no hay gente con buen gusto. Pero el pueblo alemán, la gente que camina por la calle… ¡son todos unos payasos! Y ésa era otra cosa que extrañaba muchísimo de Buenos Aires. Estoy totalmente convencido de que no hay nada en el mundo como la Argentina”.

A Alfred le vuelve el alma al cuerpo hablando sobre la elegancia nacional. “¡Es que yo miro todo!” El placer que un esteta siente ante las diversas manifestaciones de la belleza, sólo es comparable con el horror que le produce todo aquello ajeno a su sensibilidad. Y es esa exigencia lo que lo vuelve implacable a la hora de juzgar hasta su propio trabajo.

En cuanto a esto, su experiencia profesional, y para no contrariar sus expectativas de autobiografía concentrada, vale citarlo a él mismo, que sintetiza su carrera previa al 2000 en dos grandes etapas. La primera, los 22 años en Interieur Forma, donde –de cadete a directivo- obtuvo enormes know-hows: todo lo que le faltaba saber sobre diseño internacional del siglo XX y los vericuetos del mundillo arquitectónico local. La segunda o “pública”, como él la llama, en que se hizo conocido a través de la sostenida promoción de su trabajo tanto desde las muestras del sector como en los medios especializados. Realmente, su resumen hace honor al menos es más de su admirado Mies.

Qué más da si su historia tiene cuatro años o sesenta, y si la narra hiperbólico o sintético. La mirada ingenua, el espíritu lúdico, la necesidad de no aburrir y, sobre todo, de no aburrirse, se alían en genial cóctel con una trayectoria exitosa y convierten a Alfred Fellinger -el de las Nike charoladas y la carcajada siempre lista- en el niño más dotado e hilarante de la gran familia del diseño argentino.

Publicado en D&D 2005

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