el blog de sol dellepiane

mayo 18, 2011

Fabián Parra

Filed under: Uncategorized — by soldell @ 2:33 am

Al estilo de Fabián Parra

Potenciar el encargo

Sólido. Pensante. Curioso. Inquisidor de todo parámetro aceptado como obvio o natural, pero sobre todo sumamente activo en la búsqueda de alternativas a las fórmulas que cuestiona en su paso por la actividad. Así se muestra en su obra y en su conversación Fabián Parra, un arquitecto que ha hecho bastante, que está haciendo mucho más y a quien no cuesta vaticinarle un destino entre los nombres destacados de la profesión en la Argentina.

“No hay una casa que se repita- asegura Parra sobre la obra de su Estudio -sino que tratamos de hacer viviendas con un lenguaje propio, a través de la investigación. Si bien tenemos un lenguaje nuestro, no se trata de repetir modelos. Más bien nos planteamos, ¿cuál es el objetivo de esta casa? Y no pensamos el lenguaje desde algo superficial como puede ser determinado material, que se repite una y otra vez y que cuando uno saca la piedra o la madera, por atrás no queda nada. Nuestra obra es sumamente conceptual”. Fabián define su postura en una mezcla infrecuente de claridad meridiana, seguridad de peñón y sensibilidad de artista; una actitud teórica y práctica reafirmada a lo largo de más de dos décadas de carrera, desde que estudió Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires cuando se dio cuenta de que la Ingeniería Electrónica que había pensado seguir era “demasiado intangible, y yo aspiraba a poder tocar las cosas”. También estaba la aspiración de convertirse en piloto de aviones… pero su vista no lo acompañaba con la agudeza necesaria. Afortunadamente, su visión sí. “Necesitaba despegar, volar. Y me pareció que proyectar, poder tocar lo que nunca existió, poder hacer en tu vida algo que es parte de la nada y de pronto aparece, tenía algo de mágico. Por eso me metí en esta carrera”, cuenta sin mayor conciencia de la lucidez que supone haber elaborado semejante asunto a la edad en que lo hizo.

Revisando sus dichos y su obra, se hace patente que los dilemas e incertidumbres que a tantos inhiben o apabullan, en él son un estímulo imponderable para la creación. Un proyecto que lo desvela desde hace meses y cuya descripción articula el principio del encuentro con D&D, por ejemplo, es el resultado de un trabajo de profundización y reformulación del encargo del cliente, expresado en un croquis informal. “Me dijo quiero esto, y lo dibujó, lo cual por un lado es difícil para el arquitecto, pero por otro, es un punto de partida. Lo que hay que tratar es de respetar esa impronta, de avanzar sobre los conceptos y reformularlos”, postula. Hay que aclarar que el cliente en cuestión reside en el exterior y que el Estudio domina completamente la tecnología que convierte los sueños en realidades virtuales, capaces de viajar en el espacio y en el tiempo para ser vistas y discutidas en simultáneo aquí y en cualquier punto del mundo -un saber que, por otra parte, lo convierte en un verdadero equipo profesional de la era global-. La casa, tal como Parra la concibió y presentará por estos días, es una obra monumental asentada sobre ciento cincuenta hectáreas en campo uruguayo, diseñada en función de una espectacular perspectiva de la laguna que domina el lugar. Y, según explica entusiasmado su artífice, el encargo de priorizar la visual sobre el agua fue potenciado, generando secuencias en la planta que conducen al sitio donde la vista es máxima. La descripción de los juegos de volúmenes y de sus razones de ser, de los movimientos de la luz en la construcción y de los dictámenes del paisaje, tan esenciales como los de los clientes, es el retrato vivo de una vocación.

Olivia

“Yo le digo a Olivia esa frase que escuché de que la arquitectura es música congelada. Y a ella, que sabe tocar el violín, le encanta que se lo diga”, cuenta Parra ya en un tono que muta del entusiasmo a la adoración. Olivia es por supuesto su hija de ocho años, una deliciosa niñita nacida en Santiago del Estero cuando Fabián y Fabiana, su mujer de toda la vida, casi habían perdido la esperanza de convertirse en padres (la historia de amor de la pareja, relatada por el arquitecto con la misma efusión con la que habla sobre diseño, merecería un  artículo de otro género).

“Un día atiendo el teléfono y una mujer me pregunta ¿es usted Fabián Parra, arquitecto de Buenos Aires, casado con Fabiana Cabral, empleada de la Embajada Británica? Soy una Jueza de Menores de Santiago y quiero saber si ratifican su intención de adoptar. Cuando le contesté que sí, me dijo, en ese caso le tengo que decir que es el papá de una beba. Anote los horarios de los vuelos. Olivia tenía treinta días”, recapitula con emoción. La decisión de adoptar no había sido fácil y ni siquiera en el momento de tomarla se la veía como un consuelo. Pero de hecho fue mucho más que eso. Con un trabajo que lo colma, una mujer a la que amó desde la infancia y esta hijita con la que discute sobre música congelada y que le extiende el dibujo de un cuadrado diciéndole “Tomá papá, una casa Parra”, Fabián no puede ni quiere pedirle más a la vida.

La compleja trama de lo simple

Fue un camino largo y variado en vicisitudes el que el arquitecto recorrió para llegar a este momento en que pueblan su agenda casas privadas de más de mil metros cuadrados (de más está decir que no como condición de aceptación de la tarea, sino como una circunstancia natural dado el porte de las obras realizadas en el pasado reciente, que alimenta una demanda similar); la culminación del diseño de un barrio en Pilar -un proyecto concebido por otro estudio que fracasó en el intento de concretarlo, heredado por Parra y que le está brindando la interesante experiencia de pensar la cuestión de la vivienda colectiva, algo nuevo en su curriculum-; y otros trabajos que lo desafían y obsesionan hasta límites insospechados, como un hotel con forma circular en San Fernando emprendido con el arquitecto Manuel Gálvez, con quien se asoció para esta tarea en particular –una obra que pretende proveerle a nuestra capital náutica el icono edilicio del que carece-.

El primer proyecto que Fabián Parra concretó fue el bar Calabaza, en Punta del Este. “Lo levantamos en un mes con chapa, ladrillos y troncos, que eran los materiales que había en el lugar, cuando me estaba recibiendo. Y fue una obra que tuvo una visión muy futurista, se convirtió en un referente fuerte, tuvo muy buena crítica e incluso sobrevivió varias temporadas, lo cual no es muy frecuente ahí”, cuenta. Después sobrevino una etapa de especialización en oficinas, interrumpida por la debacle económica del milenio. Y, con posterioridad a un momento que él reconoce como bisagra, la inmersión en el universo de las casas privadas, “uno de los temas más interesantes para los arquitectos pero también de los más complejos, es más, diría psicológicamente devastadores”. Como en el caso de una innumerable cantidad de profesionales de la arquitectura y el diseño de interiores, fue la participación en una edición de Casa FOA lo que determinaría un antes y un después en su trayectoria. Se dio en el año 2002, “un año muy difícil para mí. Estábamos con las valijas listas para irnos a Europa, y de golpe, esta invitación a participar”. Parra deshizo las maletas y la suerte compensó su instinto, premiándolo con una medalla de oro recibida de manos de su ídolo Clorindo Testa por un espacio en el Buenos Aires Design que reunió funciones inéditas: el institucional de FOA, el de la entidad AEDIN y un homenaje a Astor Piazzolla. En 2004, la presentación en el Hipódromo de Palermo le valdría nuevos premios y amplio consenso sobre la genialidad de sus baños en verde refulgente –un homenaje al ballet, los sentidos y la historia del lugar, basado en un diseño integral de altísima sofisticación-. “FOA para mí es un lugar de expansión y libertad. La organización te cobija… ¡te evita ir al psicólogo, sólo que a mí siempre que estuve, me han tenido que internar del estrés!”, comenta entre risas, enfatizando en la gratitud que siente hacia esa poderosa vidriera de la creatividad que ha sido la muestra desde sus orígenes. 

 

Fabián Parra conoce al dedillo la tradición y se divierte reinterpretándola. Así, es capaz de trazar en una casa de campo una línea que emula una moldura arquetípica de estas construcciones y que genera su misma sombra, sin apartarse del código contemporáneo. Es un diseñador de gestos, que para crear necesita de la libertad recién aludida como del aire que respira y que valora los materiales que son lo que aparentan y envejecen dignamente. Alguien que elige plegarse al espacio geográfico que circunda a sus proyectos, como en el caso de una casa en José Ignacio realizada el año último que –perfilada para prolongar el efecto horizontal de la ruta que bordea- se ha convertido en una especie de involuntario manifiesto de sus ideales. Parra es el profesional que entabla relaciones entrañables con las personas a las que ayuda a forjar un estilo de vida –tan radical como eso suele ser su propuesta-. Un creador posesivo de sus obras y celoso de su propiedad intelectual ante eventuales caprichos que desmerezcan los principios bosquejados. Como las mejores aleaciones, un ser firme y flexible a la vez. Confeso admirador de Zaha Hadid “que siempre estuvo cien años adelante” y de los suizos Herzog y de Meuron, quienes instalan el futuro en el presente con su “lenguaje de curiosidad” (como él define a sus formas de colosal ingenio), Parra es del tipo de expertos que imprimen un avance en su disciplina, elevando el pensamiento y el diseño arquitectónicos hasta territorios vírgenes.

Y el anhelo de volar y de volver a tierra para tocar materia sólida donde antes era la nada, se habrá cumplido con ganas.

Publicado por D&D 2007.

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