el blog de sol dellepiane

mayo 18, 2011

Gloria César

Filed under: Uncategorized — by soldell @ 1:32 am

Al estilo de Gloria César

“Hablar de revoluciones, imaginar revoluciones, situarse mentalmente en el seno de una revolución, es hacerse un poco dueño del mundo”. Alejo Carpentier, El siglo de las luces

Retrato de una dama

Le sucede a algunos héroes de la literatura, así como a ciertos personajes de la realidad, que su historia de vida es la serie de sus lecturas hechas carne. Gloria César pertenece a esta élite plebeya de lectores compulsivos que, como por arte de la pluma, actúan sus libros favoritos. Es fascinante pensar la imponente biblioteca que sirve de corazón de su casa como un dibujo posible de su trayectoria personal: vasta, sombreada, ecléctica, desbordante y profusamente fichada en una memoria en colores.

“Cuando era chica no leía, porque no tenía posibilidades de salir de adentro mío. El Tesoro de la juventud, una especie de enciclopedia con literatura abreviada, ciencia, historia y mitos, era lo único que podía leer; tenía unos cuentos divinos, con dibujos también muy lindos”. Una infancia ensimismada, entonces, es el punto de partida de esta travesía. El mundo sucedía adentro, y era todo menos feliz. Lo demás: alguna entrada enciclopédica al exterior, atisbos de experiencia que solo después cobrarían sentido.

“Más adelante, en mi adolescencia, entré en la variante de que leer literatura era perder el tiempo: había que estudiar. Era fanática de todo lo científico, me preguntaba la razón de cuestiones insólitas y la literatura aumentaba las posiblidades de conocer el por qué de más cosas. Si hay un libro que marcó a fondo esa época, es la Biblia”. Entre el bloqueo inicial y esta nueva etapa medió una maestra luminosa que, habiendo descubierto casi accidentalmente el potencial de la chiquita tristona y problemática, colaboró en un verdadero destape intelectual que llevó a Gloria de los últimos puestos del grado al lugar de pequeña humanista.

A las lecturas bíblicas seguiría el descubrimiento de la nueva narrativa latinoamericana, los ensayos políticos y mucho más tarde, los clásicos grecolatinos, Joseph Campbell y la antropología cultural. Cada uno de esos libros constituiría con el tiempo un capítulo en la vida de Gloria. Ella acercaría el Evangelio a las villas, convertiría la ideología en praxis; caminaría los pasos perdidos de Carpentier y, a lo largo de un camino de heroína, viviría episodios de tragedia.

El imperio del arte

En el mundo tal como lo concibe Gloria, el arte es el monarca absoluto. La centralidad de los museos en el interior de los mapas urbanos es una muestra material de ese reino todopoderoso. “Así como en la Edad Media las catedrales góticas sobresalían en la ciudad, hoy lo hacen los museos -como el Guggenheim de Bilbao, por ejemplo- y esto representa la entronización del arte como valor supremo en la sociedad actual, tal como la religión lo fue en la era medieval”, afirma en una típica formulación suya: documentada, propia, contundente.

Apasionada de la historia y sobre todo de los procesos de cambio, su biografía realiza cabalmente una evolución paralela a la de Occidente, en versión abreviada como las de los tomos ilustrados de la niñez. Las revoluciones que en el mundo duraron siglos, en Gloria se desenvolvieron con la fugacidad que permite la escala humana del tiempo. Así, el pasaje del misticismo cristiano a la sacralización del arte duró lo que tarda la juventud en transformarse en adultez. En pocos años el compromiso religioso devino político y luego estético. Hay en este recorrido, que es sinuoso y escarpado, una persistencia de tono -intenso- asumido casi como un principio, al que por cierto es arduo ser fiel. Esta intensidad liga las etapas de una vida que parece varias, les da un hilo conductor. El camino ha conducido a una cosmovisión creativa, esto es, la percepción de la vida y el universo como posibilidades de creación.

Pasión por la génesis

“Si pudiera viajar a una época, lo haría a la Revolución Francesa, o en realidad a cualquier período revolucionario. Tuve la suerte de vivir los ´60, que fueron el germen de todo lo que sucede hoy”. En ese término, germen, se concentran una cantidad de sentidos esenciales para esta creativa nata: la idea de origen, que es el estadio que le atrae de todo proceso (“todo lo demás es la prolongación de algo, su conversión en moda”);  la de gestación, que la devuelve a su propia condición de madre, absolutamente central en su vida. Singularmente, ahora que la fe la ha abandonado, pensar en el origen también la remite a la muerte, “tal vez otro nacimiento”.

Una misma característica constituye su mayor virtud y su peor defecto, asegura: la autenticidad. Y la relaciona con la adscripción intransigente a parámetros de excelencia. Quizás esta exigencia no sea más que el pretexto que se requiere para justificar siempre un nuevo comienzo, la coartada perfecta para una perpetua y pulsional re-creación: “esa necesidad de hacer cosas que no se parezcan a las anteriores es una constante en mi vida”.

Como cuando se inventó a sí misma como decoradora, hace ya unos once años, después de trabajar mucho para reinsertarse en la vida profesional al volver de lugares -geográficos, políticos, emocionales- de los que le fue más que difícil salir. Y de reforzar su perfil de sabia renacentista con estudios formales de historia, artes combinadas, fotografía e iluminación tras incursiones en la medicina como instrumentadora y enfermera (en las que se hizo manifiesta una vocación de servicio que nunca dejó de cultivar).

La génesis profesional se sitúa -si utópicamente pudiera aislársela de la cadena de sucesos que confluyeron en ese momento- en el inicio de la actividad de diseño de objetos, junto con su actual asociado y entonces compañero de facultad, Marcelo Giménez. “Vimos que faltaban cosas lindas para decorar las casas. Todo lo que ahora sobra, en ese tiempo no existía. Hicimos casamientos de cosas antiguas y nuevas y tuvimos un anticuario durante cuatro años”. Mientras tanto, Gloria se iba ganando un nombre en el universo de la decoración y el trabajo para clientes particulares empezaba a fluir.

El costado interpersonal de esta actividad atrajo de inmediato a esta adoradora de la gente y las ceremonias sociales. La marchand, que por otro lado carecía de cierto talento comercial imprescindible para la supervivencia en el competitivo mercado actual, fue cediendo terreno a la decoradora. De ahí en más, la vida fue una serie infinita de casas, mesas, fiestas y vidrieras que formaron fila para que la culta imaginación de una diva tan pop como intelectual (extrañas, felices amalgamas de fin de siglo), les diera forma y contenido.

La actualización de un oficio

“Lo que hice en esta década, como todo lo que hice en mi vida, fue absolutamente intenso y vertiginoso”. Pero así como hay reconocimiento de este vértigo prolongado, hay también una lista de las asignaturas pendientes que grita, casi, la vitalidad ilimitada que caracteriza a Gloria. Los ítems  incluyen desde hacer una escenografía para una ópera hasta encontrar el tiempo para practicar un deporte regularmente; realizar vidrieras en New York y conocer en persona a Simon Doonan, pope del rubro en aquella ciudad; visitar Egipto por segunda vez, esta vuelta con sus hijos y remontar el Amazonas (“antes que se acabe”); también encontrarse con Frank Gehry, por quien siente una admiración majestuosa: “es un ejemplo de perseverancia y de no transar. Para mí fue fantástico verlo venir, valorar su obra antes de la consagración; le costó muchísimo llegar a ser creíble e imponer una idea. Esos son los procesos que a mí me interesan”.

El presente es un tiempo de trabajo y de vuelta al estudio, ya no universitario, sino más intensivo, especializado, y probablemente en Estados Unidos, adonde viaja seguido desde que vive ahí su hijo mayor. Es también momento de redefinición de la tarea profesional. “Hoy por hoy, con la realidad económica de la Argentina y los servicios que se brindan en el mundo a través de revistas, Internet y exposiciones, francamente creo que los decoradores tenemos que volver a ser proveedores de diseños y orientadores, porque con tanta información es fácil marearse”.

En esta última función, la orientadora, pareciera encontrarse su mayor expertise: “Siento que después de treinta años de análisis, puedo entender bastante lo que la otra persona desea. Mis clientes terminan teniendo lo que querían sin siquiera saberlo”. Un trabajo en base a huellas, casi detectivesco, siempre renovable y por eso tan atractivo para esta adicta al cambio.

Colores saturados

Finalmente, el presente es también objeto de análisis en tanto estadio de la historia, y como tal foco de interés. “Bajo el nombre de globalización, nos encontramos en el total y absoluto predominio americano. Pero no es difícil darse cuenta de que EEUU es la Roma de este tiempo. Y ahora que los procesos son más rápidos, el apogeo del imperio no tardará tanto en convertirse en decadencia”.

Gloria desarrolla cada uno de sus trabajos a contrapelo de esta uniformidad eufórica, haciendo un uso productivo de su bagaje cultural e incorporando poco a poco las premisas del menos es más. “El nivel de exceso en el que estamos inmersos realmente me abruma y me produce una necesidad de nada, que creo que es lo que le pasó a muchos antes que a mí al volcarse al minimalismo”. En lo personal, más familia y menos vida social; en lo laboral, espacios despojados y blancos, son indicios de un cambio interior que viene percibiendo y que la puede conducir, una vez más, a lugares insospechados.

Nuevamente, al compás de esa materia favorita que es la historia para ella, su camino individual se pliega a la exploración de territorios desconocidos y galaxias recónditas. Otra revolución se gesta, muda, en la imaginación frondosa de un personaje protagónico de la novela del diseño argentino.

Publicado en D&D 2000.

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