el blog de sol dellepiane

mayo 18, 2011

Margot Sánchez Elía

Filed under: Perfiles de profesionales del diseño publicados en D&D — by soldell @ 2:47 am

Al estilo de Margot Sánchez Elía

Pura inquietud

Entre la jovencita resuelta a recorrer un camino propio y la señora que, sentada ante su computadora cuan larga y grácil es, cuenta que pocas cosas le divierten tanto como jugar con la última tecnología en programas de diseño para poder anticiparles a sus clientes las imágenes que ha soñado para ellos, ha pasado de todo.

Hijos (cuatro: tres varones y la mujer, arquitecta), aprendizaje, ensayos, aciertos, más aprendizaje, y de a poco la constancia de un público que ha buscado esa fineza innata y esa búsqueda creativa eternamente renovable que la caracterizan.

“Me gusta el desafío de lo nuevo. Me divierte lo que es distinto, no caer en lo que ya se hizo”, explica Margot Sánchez Elía, mientras muestra fotos que testimonian los resultados de sus desafíos más recientes. “Tenía más o menos treinta y cinco años cuando puse mi propio Estudio. Enseguida lo convoqué a Germán Carvajal, creo que juntos empezamos con eso de tratar de hacer cosas diferentes” –y aclara– “porque no es tan común el querer ir más adelante, mucha gente está cómoda con lo que tiene y no cuestiona nada”.

Cuando se lanzó a esa aventura sin retorno, llevaba varios años como diseñadora de interiores. El afán por la novedad y la originalidad parecen haber surgido una vez que se había afianzado en el oficio. Había hecho  numerosas reformas y decoraciones, empezando por “las cocinas y los baños de los parientes” –o de buena parte de ellos; no hay que olvidar que los Sánchez Elía son una estirpe de arquitectos que ha hecho brillar la actividad en el panorama nacional–, y siguiendo con oficinas y todo tipo de espacios privados.

El primer trabajo había surgido casi como un capricho, aunque a la distancia no es difícil comprender que anidaba en ella una sed de expresión, un vuelo que debía canalizarse de alguna manera. “Empecé sin saber nada –exagera–. Un día le pedí a mi padre que me consiguiera un trabajo. Me gritó, me dijo de todo, le pareció un horror. Pero al día siguiente ya tenía lo que quería: un puesto de pinche en un Estudio que hacía decoraciones para SEPRA (Sánchez Elía – Peralta Ramos – Agostini arqs.). En ese momento, estaban haciendo un trabajo para el Hotel Sheraton. Cuando los dibujantes estaban desocupados, yo les pedía que me enseñaran. Y desde ahí fui haciendo un camino”.

Margot descubre que otro capítulo importante fue la realización de obras en conjunto con su hermano Santiago, arquitecto como lo indicaba la tradición. Uno de las más destacables de esta seguidilla fue un trabajo integral para el edificio del diario La Nación, donde los hermanos se ocuparon de absolutamente todo, desde lo estructural hasta del diseño de cada lámpara, escritorio y alfombra. “Era puro aprender”, resume sobre aquella etapa.

Aliados

Aunque carente de estudios formales en el tema –a esta altura es evidente que no habían pesado sobre ella mayores expectativas que las clásicas como madre y mujer– el diseño y el puntillismo estético eran algo absolutamente natural en el medio en que se había criado. “Alrededor de uno siempre se estaban decorando casas. Tenía una tía (que también era mi madrina) que decoraba muy bien. A Mamá y a mi abuela también les encantaba. En el campo siempre se estaba arreglando algún cuarto… la verdad es que viví en un clima afín a eso. Me acuerdo que cuando alquilábamos una casa en Punta del Este para pasar el verano, lo primero que hacíamos era ir a comprar trapos blancos para cubrirla entera y hacer desaparecer las cosas que había. ¡Y desaparecían!”, evoca entusiasmada.

De esta última escena Margot rescata lo que en realidad es su motor: el poder de transformación. Lo que ella ha hecho durante años ha sido desenvolver ese talento para transformar. No sorprende, pensándolo así, esa continua necesidad de reinventarse, de no repetirse… de mutar ante cada proyecto. Más que un color o un estilo, lo que emparenta a todas sus intervenciones es esa tendencia hacia la metamorfosis.

“Lo que me encanta del diseño en computadora, es esa posibilidad de mostrarles a los clientes lo que les pensás hacer. Porque ahí achicás un poco el susto, y podés lanzarte a cosas más jugadas”, plantea. Está claro: se abre en su pantalla la imagen de un cuarto de televisión. La pared, que en el render original es gris, de pronto se pinta de colorado. Así desfila una serie de colores, que mutan en combinaciones insólitas con los muebles y las obras de arte contemplados en el diseño. Y esto es solo un ejemplo de esos juegos que desvelan a la diseñadora desde que en un inspiradísimo verano en Punta del Este –ya en una casa propia a la que no necesitaba travestir- tomó un curso de Autocad, la primera herramienta de este tipo que estuvo a su alcance.

Los aliados, entonces: los genes tanto paternos como maternos, con su sensibilidad espacial y su refinamiento; un hermano que la llevó de la mano en la ruta del diseño profesional durante un período inicial; la tecnología; y su propio espíritu inquieto, exigente, inconformista. Sin este último, seguramente hubiera sido una buena decoradora pero no se habría corrido del molde, que fue lo que efectivamente sucedió. Y en este punto Margot vuelve a las enseñanzas de su padre: “El siempre decía que uno no podía dar por concluido un proyecto hasta que no hacía cien calcos”. Ella no calca, pero –vía digital– practica el ensayo y error de un modo disciplinado y obsesivo.

La textura del presente

Desde hace años integran el staff del Estudio de Margot Sánchez Elía, Alicia Salvadores y Diego Pascua (que “está por dejarnos para hacer su propio recorrido”, comenta la decoradora sobre este último). Pero las tareas están cada vez más repartidas: desde el estudio propiamente dicho, Salvadores se encarga de los proyectos de arquitectura; y desde su casa, distante pocos pasos y en uno de los lugares más privilegiados de la ciudad, con los árboles del palacio Duhau invadiendo las ventanas, Margot y su gentil asistente Carola se avocan a las reformas y los trabajos de decoración. Claro que entre las socias, fluye el intercambio y las decisiones importantes se toman en conjunto.

El caudal de obras que tienen en danza es sorprendente. Muchas de ellas son intervenciones integrales en departamentos comprados por extranjeros (casi exclusivamente en Barrio Norte). Margot los arregla y la cadena no se interrumpe. Uno trae otro, y éste, otro más. Increíblemente, hace poco le tocó refaccionar para unos clientes americanos el departamento donde pasó su infancia: “Fue bastante impresionante –comenta– porque estaba muy parecido”. Recientemente también participó de las puestas a punto de dos club-houses, el de San Jorge y el del Olivos Golf Club. La decoradora celebra el resultado en ambos casos. Y esa es otra diferencia entre la chiquilla levemente insolente del comienzo y la profesional que es hoy: “No te creas que al principio estaba muy contenta con cómo me quedaban las cosas. Por suerte los años te van enseñando, y hoy me quedo muy conforme con lo que hago”, explica.

Sus palabras sirven para restar ansiedad en quienes acaban de empezar y pretenden generar una revolución en la historia del diseño. Con décadas en el ruedo, Margot siente que recién ahora ha ido “encontrando todos los elementos. Es pura experiencia… y es bastante intransferible”. Lo cierto es que esta seguridad ganada le permite desarrollar su táctica: “Lo mío es una interpretación del cliente, con mi trip. Para mí la decoración es una forma de la expresión. Si no lo puedo hacer, me quedo en casa. No me da miedo porque son cuarenta años de trabajar y ves que a la larga te eligen por eso. Pero también por eso trabajo tanto para que sepan lo que voy a hacer”.

 

Ese trip la ha llevado a un lugar de bastante despojo, de aguda selección y de austeridad de recursos. “Trato de elegir pocos elementos. En general, estoy usando un solo género, ya no eso de ir con las muestras a ver si uno pega con el otro… eso no va más –sentencia–. En la onda en la que estoy ahora, pongo texturas más ásperas. No me gusta lo liso (que además tiene peor acústica), ni lo que brilla”. Y esto vale para todo: pisos, paredes, muebles. Libros europeos sobre lofts apilados en su escritorio, son sus mayores referentes estéticos en este momento. “Es lo que más me gusta de lo que se está haciendo: cosas ligeras y muy personales”, traduce.

D&D ha compendiado muchas de las obras realizadas por Margot Sánchez Elía a lo largo de su trayectoria. Las Casas FOA, una etapa superada pero que le permitió la experimentación pura, algo que en gran medida contribuyó a hacer de ella la que es hoy. Y un sinfín de casas y departamentos donde dejó ese sello que combina ingenio, futuro, elegancia y diferencia. Todo un aporte.

Publicado por D&D 2007.

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